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martes, 18 de octubre de 2011

LA ETERNA LUZ.


En cierto evento donde la tarde partía el cielo,
como estrellando ese manto de seda delgada,
ese enorme telar fuerte de escenario cósmico,
dejando escapar la luz que guardaba con celo el anochecer,
perdía su batalla la luna, perdía su descanso la luz,
perdía su armonía Apolo, se encolerizaba, y las flores no podían más,
no podría seguir en apertura, los hombres callaban sus voces,
y los animales anhelaban la intimidad sexual de la oscuridad,
las bestias anhelaban las franqueza de la tiniebla para cazar,
y mis ojos lloraban de dolor al esperar ver los cuatrocientos
pueblerinos del cosmos, llorar de esperar verles brillar en el negruzco cielo.

La criatura diurna se hacía muerta de vieja,
y un solo segundo sin penumbra le quitaba su alimento de sueño,
moría sin él, moriría pronto en la milésima parte del katún en más luz,
la tierra se secó pronto, y las plantas pronto se hicieron otoñales,
y los amigos y enemigos, encontraron pronto la muerte,
de nada sirvió la amistad o el odio sin la oscuridad, sin el equilibrio de la luz,
nunca callaron los sonidos, todo era un grito profundo y un crujido en el eco
en la luz, la muerte no es muerte, sino la prolongación del agonizar,
es una eternidad en la agonía; la luz mato esa tarde perpetua la vida,
determino la última noche, que nunca jamás llegaría…

Todo reposa, ardiente, sonoro y en movimiento, en el turbio movimiento,
en la tortuosa vida, en el total espacio de la luz,
sin sombra ni noche, sin crepúsculo ni silencio,
en ello espacio de la furia y pasión sin sensualidad,
en la violencia sin tregua, en el yanto sin reposo,
en esa pequeña abertura del manto nebular,
en el lienzo de la vida, cielo que era equilibrio
y lo era todo…

J. Roberto Morales

lunes, 10 de octubre de 2011


En una familia como la mía es importante que seamos los suficientes,
entre más, suficientes, bastos y más para ser mejores,
por eso siempre me harás falta cuando tú te vallas y mejor seré cuando regreses,
así que puedes irte hoy, pero vuelve,
que formas parte de mí, de nosotros y hoy ya me haces falta tú para ser mejor,
para sentirme más completo, para sentir que siento y sonrió.

Para Claudia, por vez segunda se va…
J. Roberto Morales

domingo, 31 de julio de 2011

Cobarde Confesión...




Dios de tu cuerpo que me consume
en pequeñas triadas conceptuales,
genitales, piel y mirada,
esa tu sublime creación etérea,
de largas y erguidas piernas,
que se colapsan y estallan
envueltas por sobre mis hombros de hombre,
suave frotar de húmeda pantorrilla tú.
suave el gesto de tu contemplar.
rígido el significado de tu mirada,
iracunda la fuerza de tu rasguño
rabioso el grito en mis pieles desgarrar.

Contemplad la rigidez de tus músculos,
la furia del mar de fuego que corre entre tus venas
sabia de fruto tu saliva, que escurre,
escurre y escurriendo siembra el suelo fértil,
una mancha sustanciosa, que penetra hasta el fondo,
hasta las profundidades de la tierra,
hasta el núcleo de mi corazón y en mi pecho.

Arranca mi piel, llévate mi perfume,
como feroz hembra arrebata mis capilares,
dejad que mi cosmos se agriete y
revele así por rupturas un bello eclipse.

Cierra tus ojos...
estrellas suaves que explotan en tu lengua,
y en la mía cuando tu pezones se frotan
pese a oposición de tus cabellos que se revelan
se erizan, se encrespan, raíces
del fruto sublime, tus caderas,
como notas de tan armoniosa criatura.

Gracia en tu rostro, deshonestidad
en tu silencio y en tu cinismo,
guardada hipocresía en mi descripción,
cobarde esta nuestra confesión.

martes, 26 de julio de 2011

ASESINAS DE LA TARDE.


Hoy luciérnagas vi volver,
recuerdos de iluminada, destellante infancia,
arden en llanos y tristes nocturnos paramos,
ellos sin duda sombríos recuerdos y gratos juegos gritan.

Hace tanto que le añoraba,
hace tanto que nos les veía absorber el atardecer,
causa de la noche, lúgubres sonidos y asombros humanos,
dueñas, causa de la noche, luz única en ella, hijas de la luna.
hermanas de estrellas.

Dulces inventos de los nocturnos contrastes,
malignas creaciones de los dioses,
susurros del ciego, y errante alma del muerto,
libren al cielo sus terrenales pecados,
gritando al cielo los ridículos secretos del hombre,
jueguen su suerte con su alma vendida,
miserables ojos del olimpo,
miserables estrellas terrestres.

J. Roberto Morales

sábado, 7 de mayo de 2011

La calma del Rojo…

La calma, el verde y su fría humedad,
con su sinfonía de un ligero goteo,
una fina chispa en el suelo, rompe las ramas,
otras veces las arrastra, siembra y baila
con otras pequeñas gotas, y otras partidas hojas.

Estallan… Los espiritus humanos, su
concepción, la cosmogonía en el lugar de la calma,
se rompen y se Ponen en duda,
solo los hombres grandes lo entienden
y dejan a la lluvia, al fuego, y la tierra explicar
con voz muy bajita los secretos de la levedad del gobernar…

Tic, tac, toc, suena el prolongado eco
de miles de suaves partículas al dispersarse y después morir,
en una explosión de sabia vital. Es aquí, donde
se experimenta la circunstancia de ello que se llama, vida
después de muerte, dar muerte para dar vida.
es aquí en el lugar de los hombres que pierden
la locura cuando encuentran la calma,
es aquí donde se necesita de gran brío para
encontrar la gloria… una existencia y una nítida respuesta.

Un hombre, un simple y diminuto individuo, en contra de una
masa de sabia vital y de mil razones para sobre existir, un
motivo y un objeto para prolongar la vida,
una razón para encontrarte con la feliz inexistencia….

J. Roberto Morales